Coquetear cuando tienes pareja: ¿yes or no?

La mayoría de las mujeres –me incluyo–, somos coquetas por naturaleza. Me refiero a que tenemos muy claro que una sonrisita al bartender significa un poquito de alcohol extra. O que si le hacemos gracias al vendedor de pizza, podemos conseguir el slice más grande. ¿Qué pasa cuando estamos de novia o, en mi caso, […]

Amor

Dar o no dar nuestro teléfono. He ahí el dilema.
Dar o no dar nuestro teléfono. He ahí el dilema.

La mayoría de las mujeres –me incluyo–, somos coquetas por naturaleza. Me refiero a que tenemos muy claro que una sonrisita al bartender significa un poquito de alcohol extra. O que si le hacemos gracias al vendedor de pizza, podemos conseguir el slice más grande. ¿Qué pasa cuando estamos de novia o, en mi caso, casada? Debemos o no hacer uso de este girl power. Let’s talk about it.

Yo lo he hecho toda mi vida y lo seguiré haciendo. Primero, porque no le veo nada de malo. Punto. Segundo, porque hace bien para el espíritu. Cruzar miradas con el chico guapo que está en la fila del supermercado hace bien al ego. Y todas necesitamos sentirnos lindas de vez en cuando. Eso es lo que hago. Pero ¿qué pasa cuando el simple coqueteo va más allá?

Conozco amigas que estando enamoradas de sus novios, no ven nada de malo en darle su teléfono a un chico guapo que conocieron en una noche de fiesta con sus amigas. Este guapo la llamó, se juntaron a tomar un café y, de vez en cuando, hablan por Facebook. No hubo infidelidad física de por medio ni mentiras. Sólo coqueteo igual como lo que haces tú. Eso no lo hago. Ellas omitieron información valiosa: no contaron a la primera que estaban en pareja ni tampoco a la segunda –”no me lo preguntó” me dijeron cuando interrogue a mis amigas-. Weird.

Díganme santurrona, ingenua o ilusa. Pero para mí, el omitir ese pequeño detalle, es infidelidad. No de esas que uno termina una relación o pide el divorcio. Es como la hermana de la mentirilla blanca, que sigue siendo mentira al final de cuentas. Tampoco soy de las exageradas que no pueden saludar a un hombre sin decir Hola soy Pepita y tengo novio, ¿cómo estás?” –sí, también las hay–. Pero me las arreglo para que en el minuto 10 de conversación salga el tema de que estoy casada o nombro a mi marido por alguna razón. Hay que dejar las cosas claras desde el principio. Si no lo nombran, es por algo.

También hay que tener en claro que no todo es blanco y negro y que dependerá de cada caso. Pero sí hay que seguir disfrutando de nuestra capacidad de encantar con una genuina sonrisa o un par de miradas coquetas. Evitemos jugar con fuego, porque podemos salir quemadas. Sabemos perfectamente cuáles son los límites, seamos respetuosas por nuestras parejas y con nosotras mismas que uno nunca sabe si por el otro lado, tu chico utiliza sus encantos y anda de coqueto por la vida.

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