El vino tinto y el placer de la buena mesa

El vino tinto es la bebida obtenida de la fermentación alcohólica, total o parcial, de uvas tintas a las que no se les han separado los hollejos. Se ha comprobado que su consumo moderado es beneficioso para la salud del corazón. Este tipo de vino se puede envejecer y, según el tiempo que pase en […]

El vino tinto es la bebida obtenida de la fermentación alcohólica, total o parcial, de uvas tintas a las que no se les han separado los hollejos. Se ha comprobado que su consumo moderado es beneficioso para la salud del corazón.

Este tipo de vino se puede envejecer y, según el tiempo que pase en tonel, barrica y botella, desde seis meses hasta más de dos años, se clasifica en joven, crianza, reserva y gran reserva. Los más conocidos son el Cabernet, que puede ser Franco o Sauvignon; Grenache, Malbec, Merlot, Pinot Noir, Syraz o Shiraz y Tempranillo.

Maridaje

Es importante encontrar el equilibrio de sabores entre el vino y la comida con que se lo va a acompañar, comúnmente denominado maridaje.

Antiguamente la regla básica era muy sencilla: el vino tinto con carne y el blanco con pescado. Pero eso ha cambiado, y los expertos consideran que en cuestión de maridajes no hay verdades absolutas. Casi todo el mundo tiene sus propias ideas sobre qué tipo de vino es el más adecuado a cada comida, se trata de una cuestión de gusto, de paladar, de educación, y sobre gustos no hay nada escrito.

Por lo general, los vinos tintos jóvenes añejados en barrica son excelentes para acompañar la pasta. Además, el vino tinto combina perfectamente con el jamón, los quesos y las aceitunas, mientras que las carnes rojas son el mejor alimento para acompañar con un vino tinto concentrado y de sabor fuerte. Un entrecot, un chuletón, un solomillo son la oportunidad perfecta para descorchar un vino tinto crianza o reserva, siempre que sea un vino bien elaborado, robusto, potente y con concentración.

No combines nunca un buen vino con platos que lleven vinagre, frutas agrias o chocolate. Si sirves una ensalada con vinagreta, sirve algo entre ese plato y el vino, como el pan, para limpiar el paladar antes de probar la bebida.

Los platos a base de huevo empañan el vino, por lo que no deben servirse con uno fino y delicado sino con un vino simple y robusto como un Toro.
Aunque queso y vino son compañeros clásicos, un queso realmente fuerte impide saborear los vinos que no sean muy robustos o vinos generosos.
Procura no servir vinos muy tintos con el pescado, porque hacen que éste sepa a metal. Pero los tintos muy ligeros se pueden beber con pescado como el salmón.

Cocinando con vino

Una regla básica: cuando se prepara cualquier tipo de carne previamente macerada o con una salsa al vino, debe servirse el mismo tipo de vino en la comida que el utilizado en la maceración o salsa.

Es importante elegir un vino de calidad, uno que disfrutarías tomar en una copa. Para carne roja, el vino tinto con cuerpo, como uno tipo Merlot, suele ser la mejor opción. Para salsas de tomate, para pasta o pizza, una buena opción es un vino más ligero y afrutado. Y para un guiso, mejora su sabor agregando un chorro de oporto, sobre todo si es de cordero o cerdo.

Después de añadir el vino a una receta, debes esperar unos 10 minutos antes de probarlo, porque el vino tiene que estar a fuego lento un tiempo para darle sabor a la comida. Y si después de preparar la receta, te queda algo de vino, congélalo en una cubeta para utilizarlo en el futuro.

El vino tinto es la bebida obtenida de la fermentación alcohólica, total o parcial, de uvas tintas a las que no se les han separado los hollejos. Se ha comprobado que su consumo moderado es beneficioso para la salud del corazón.

Este tipo de vino se puede envejecer y, según el tiempo que pase en tonel, barrica y botella, desde seis meses hasta más de dos años, se clasifica en joven, crianza, reserva y gran reserva. Los más conocidos son el Cabernet, que puede ser Franco o Sauvignon; Grenache, Malbec, Merlot, Pinot Noir, Syraz o Shiraz y Tempranillo.

Maridaje

Es importante encontrar el equilibrio de sabores entre el vino y la comida con que se lo va a acompañar, comúnmente denominado maridaje.

Antiguamente la regla básica era muy sencilla: el vino tinto con carne y el blanco con pescado. Pero eso ha cambiado, y los expertos consideran que en cuestión de maridajes no hay verdades absolutas. Casi todo el mundo tiene sus propias ideas sobre qué tipo de vino es el más adecuado a cada comida, se trata de una cuestión de gusto, de paladar, de educación, y sobre gustos no hay nada escrito.

Por lo general, los vinos tintos jóvenes añejados en barrica son excelentes para acompañar la pasta. Además, el vino tinto combina perfectamente con el jamón, los quesos y las aceitunas, mientras que las carnes rojas son el mejor alimento para acompañar con un vino tinto concentrado y de sabor fuerte. Un entrecot, un chuletón, un solomillo son la oportunidad perfecta para descorchar un vino tinto crianza o reserva, siempre que sea un vino bien elaborado, robusto, potente y con concentración.

No combines nunca un buen vino con platos que lleven vinagre, frutas agrias o chocolate. Si sirves una ensalada con vinagreta, sirve algo entre ese plato y el vino, como el pan, para limpiar el paladar antes de probar la bebida.

Los platos a base de huevo empañan el vino, por lo que no deben servirse con uno fino y delicado sino con un vino simple y robusto como un Toro.
Aunque queso y vino son compañeros clásicos, un queso realmente fuerte impide saborear los vinos que no sean muy robustos o vinos generosos.
Procura no servir vinos muy tintos con el pescado, porque hacen que éste sepa a metal. Pero los tintos muy ligeros se pueden beber con pescado como el salmón.

Cocinando con vino

Una regla básica: cuando se prepara cualquier tipo de carne previamente macerada o con una salsa al vino, debe servirse el mismo tipo de vino en la comida que el utilizado en la maceración o salsa.

Es importante elegir un vino de calidad, uno que disfrutarías tomar en una copa. Para carne roja, el vino tinto con cuerpo, como uno tipo Merlot, suele ser la mejor opción. Para salsas de tomate, para pasta o pizza, una buena opción es un vino más ligero y afrutado. Y para un guiso, mejora su sabor agregando un chorro de oporto, sobre todo si es de cordero o cerdo.

Después de añadir el vino a una receta, debes esperar unos 10 minutos antes de probarlo, porque el vino tiene que estar a fuego lento un tiempo para darle sabor a la comida. Y si después de preparar la receta, te queda algo de vino, congélalo en una cubeta para utilizarlo en el futuro.

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